Esta es Emily, la muñeca inteligente que puede tener intimidad y aprender de ti

Lovense acaba de presentar uno de los productos más polémicos y difíciles de ignorar que he visto en años. Se trata de Emily, una muñeca robótica de tamaño real impulsada por inteligencia artificial que no solo busca interacción física, sino algo mucho más profundo: vínculo emocional, memoria y adaptación personalizada.

La compañía, conocida mundialmente por sus juguetes sexuales conectados a aplicaciones, ha dado un salto que marca un antes y un después. Emily no es solo hardware sofisticado; es una plataforma diseñada para acompañar, conversar, recordar y evolucionar con su usuario. Y eso cambia por completo las reglas del juego.

A primera vista, Emily impresiona por su aspecto. Cuenta con un exterior de silicona realista, un esqueleto interno totalmente articulado y movimientos faciales limitados que incluyen la boca, lo suficiente para hacer que las conversaciones se sientan, al menos visualmente, más expresivas. Pero Lovense insiste en que eso es solo la mitad de la historia.

La IA que no responde: recuerda

Lo verdaderamente disruptivo de Emily no está en su cuerpo, sino en su software. La inteligencia artificial que la impulsa es capaz de mantener conversaciones, recordar interacciones pasadas y adaptar su personalidad con el tiempo según las preferencias del usuario. No se trata de respuestas aisladas: Emily acumula recuerdos, contextos y hábitos.

Eso significa que cada interacción influye en la siguiente. La muñeca no solo “habla”, aprende quién eres, cómo te comunicas y qué tipo de relación deseas construir. Lovense lo presenta como una experiencia de compañía libre de juicios, pensada para fomentar la confianza y la expresión íntima en un entorno seguro.

Emily se conecta por Bluetooth a la app oficial de Lovense, lo que permite interactuar con su IA incluso cuando no estás físicamente con ella. Desde la aplicación, el usuario puede personalizar tanto los rasgos físicos como la personalidad, además de solicitar selfies generados por IA que reflejan su apariencia real. Una idea que, para muchos, cruza una frontera incómoda entre objeto y presencia.

De juguete a ecosistema emocional

Durante las demostraciones, la empresa dejó claro que no está vendiendo solo una muñeca, sino una visión a largo plazo de la relación humano-IA. Emily forma parte de un ecosistema que combina hardware, software y aprendizaje automático continuo. No es un producto aislado, sino una plataforma que evoluciona con el tiempo.

Este enfoque refuerza una tendencia que ya venía tomando forma: el paso de los robots de compañía de simples curiosidades tecnológicas a herramientas diseñadas para generar apego emocional. Lovense incluso habla abiertamente de combatir la crisis global de la soledad, posicionando a Emily como la evolución natural de los compañeros virtuales que antes solo existían en pantallas.

Desde el punto de vista técnico, la muñeca utiliza un esqueleto articulado estándar en casi todo el cuerpo, excepto en la cabeza. En el cráneo incorpora servos y mecanismos que permiten pequeños movimientos de boca y expresiones faciales básicas. No es exactamente natural, pero sí lo suficientemente inquietante como para provocar una reacción emocional.

La batería ofrece hasta ocho horas de uso continuo, y su conectividad permite integrarse completamente con el ecosistema Lovense. La empresa ha evitado entrar en detalles sobre ciertos aspectos físicos, centrándose en cambio en el componente cognitivo y emocional.

¿Compañía íntima o riesgo silencioso?

Aquí es donde surgen las preguntas incómodas. Lovense tiene un historial problemático en lo que respecta a la protección de datos íntimos. En 2017, se descubrió que su aplicación había grabado un momento privado sin consentimiento. En julio de 2025, otra falla de seguridad permitió a hackers acceder a cuentas sin contraseña.

Aunque la empresa abordó ambos incidentes en su momento, el contexto cambia radicalmente cuando hablamos de una IA que almacena recuerdos emocionales, conversaciones privadas y patrones de comportamiento. Formar una relación a largo plazo con un sistema así implica un nivel de confianza que no todos están dispuestos a asumir.

Según la compañía, Emily costará entre 4,000 y 8,000 dólares, dependiendo del grado de personalización, y su envío está previsto para 2027. Ya es posible unirse a la lista de espera mediante un pago de reserva de 200 dólares.

Fascinante, inquietante o directamente perturbador: Emily deja claro hacia dónde se dirige la tecnología. A medida que la inteligencia artificial abandona las pantallas y adquiere cuerpo, la línea entre producto y pareja se vuelve cada vez más borrosa. Y una vez cruzada, no está claro si hay vuelta atrás.

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